El nivel de aislamiento de una vivienda es un aspecto fundamental en cuanto a eficiencia energética. Podemos contar con los equipos de climatización más eficientes del mercado y sin embargo, gastar más que nadie. Esto es debido, sin duda, al aislamiento térmico. El intercambio de calor entre el exterior y el interior ha de ser mínimo. Normalmente, el aislamiento de los muros o cerramientos suele ser correcto, pero el de las ventanas siempre es mejorable. La mayoría de ellas, con el paso del tiempo, generan holguras o sus materiales son inadecuados.

La forma en la que se fabrican las ventanas a ido evolucionando con el paso del tiempo. La tecnología que se aplica hoy en día es muy superior y los materiales también. Con espesores inferiores a los que había antes se pueden lograr ventanas mucho más aislantes. Es un elemento fundamental de la construcción, y su calidad influye, en gran medida, en la calidad final de la vivienda. Unas buenas ventanas aportarán la calidez suficiente para no necesitar apenas climatización.

La inversión inicial para realizar un cambio o renovación de ventanas es alta, y puede rondar los 300-400 € por cada una, sin mano de obra. Sin embargo es una inversión que merece la pena. Las carpinterías con altas prestaciones provocan un importante ahorro en calefacción y aire acondicionado, que amortizará rápido esos gastos.

¿Qué carpintería elegir para la renovación de las ventanas?

Los materiales más empleados para carpinterías de ventanas son la madera, el PVC y el aluminio. Este último ya se había utilizado durante muchos años, pero sin rotura de puente térmico, que es lo que aporta su valor aislante.

La madera es uno de los materiales más aislantes y su calidez y estética son sus puntos fuertes. Pero también tiene algunos aspectos que hay que tener en cuenta antes de decantarse por este material. Al ser un material natural, necesita de un mantenimiento periódico que no necesitan otros. Se deteriora con el paso del tiempo, y necesitará de pequeños arreglos tarde o temprano. Su precio es algo más elevado y su aspecto final es excelente.

En los últimos años, el PVC ha ido ganando terreno al resto de materiales y se ha postulado como el más usado para carpintería de ventanas. Este tipo de carpinterías cuentan con una muy buena relación calidad/precio. Al cerrar de manera casi hermética, consiguen un alto grado de aislamiento y su mantenimiento es casi nulo. Además, ofrece acabados similares a la madera aportando ventajas sobre esta.

Las novedades que ofrece el aluminio con rotura de puente térmico (RPT), con respecto al tradicional, es la incorporación de elementos plásticos intermedios que evitan la transmisión de calor entre un lado y el otro de la hoja de la ventana. Esta aportación hace que las carpinterías de este tipo resulten ser, en algunas ocasiones, las más económicas. Tienen una buena capacidad de aislamiento, aunque para llegar al nivel de las de PVC habría que gastarse algo más de dinero.

¿Y el vidrio?

Una vez elegida la carpintería, deberíamos elegir la hoja o tipo de vidrio necesario. Muchas ventanas antiguas cuentan con un solo vidrio, y eso hace que sean totalmente ineficientes. El calor se transmite a través de este y hace que toda su superficie sea como un gran puente térmico. Lo más recomendable es que cuenten con varios vidrios y cámaras de aire. Los diferentes espesores de las cámaras de aire y de los vidrios evitarán la transmisión de calor entre el exterior y el interior.

Una de las mejores inversiones en eficiencia energética que se puede hacer en una vivienda es, sin duda, renovar las ventanas.